EL TIEMPO PRESENTE

Esta mañana mi fisioterapeuta ya pudo apreciar  el efecto de la toxina al comprobar que el pie izquierdo se relajaba más fácilmente conforme hacía  la rehabilitación. Yo ya sé  que el daño cerebral que me ha causado el ictus es irreparable,  aunque sigo confiando en que mis neuronas siguen  buscando conexiones para mejorar algunas funciones que hoy no pueden realizar, lo que no sé es lo que tardarán. Por ese motivo mientras tanto debo de aprovechar y disfrutar de lo que  tengo,  de la duración de los efectos de la toxina, un tiempo en el que tengo más equilibrio porque  el pie se planta mejor. He decidido que no quiero pensar más en qué pasará mañana, sólamente quiero vivir cada dia centrándome en todo lo bueno que puedo hacer durante esas veinticuatro horas sin perder nunca la esperanza.

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