LA ALEGRÍA POR NUESTRO ENCUENTRO

Hoy me he despertado con tiempo para ir a celebrar la eucaristía y aunque el mal tiempo me tentaba a no salir de casa, como había quedado con mi amiga Cuchi que llevaba paraguas para resguardarnos de la lluvia, superé la pereza, bajé al portal, me enganché a su brazo y nos dirigimos hacia nuestra parroquia. El trayecto hasta allí fue incómodo no sólo por la lluvia sino porque estoy poco acostumbrada a ir acompañada de alguien diferente a mis cuidadores y tuve que ir guiando a mi acompañante a lo largo del camino. También me rondaba la preocupación por dar el giro después de comulgar, pero cuando llegó el temido momento fui bastante tranquila porque me convencí de que podía hacerlo y además mi amiga estaba allí para ofrecerme su apoyo si lo necesitaba. La única manera de vencer mis miedos es a base de repetir, repetir y repetir la misma acción, porque sólo así podre disfrutar cada domingo con mi Maestro de la alegría por nuestro encuentro.

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