EL SILENCIO DE LA CONCIENCIA

Esta mañana me he dado cuenta de la independencia ganada porque después de ducharme, secarme y vestirme sola (sólo pedí ayuda para que me atasen los cordones) me preparé para salir a la calle mientras mis cuidadores hacian sus tareas. Además amaneció un día nublado con la temperatura alta y sin viento, un estado de la atmósfera que me da mucha paz. Después de estirar un poco los músculos me puse un abrigo de mi hija Loreto que es muy fácil de abrochar y preparada por completo abrí la puerta y bajé a la calle. Dudé entre dirigirme al puerto o quedarme por mi barrio y opté por lo segundo al recordar que las terrazas del puerto el sábado están llenas de gente y no quería que el ruido me robara el estado de sosiego que estaba experimentando, no quería que nada me impidiera estar conmigo misma y con mis pensamientos para que nadie me silenciara mi conciencia porque sólo escuchándola podré encontrarme conmigo misma y cambiar aquello que no me deja encontrarme con los demás.

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