CADA VEZ QUE ME HE SENTIDO PERDIDA

Como noto un poco en mi cuerpo la ausencia de rehabilitación del lunes, me he propuesto hacer más estiramientos de los habituales para minimizar la espasticidad. Eso lo hice por la mañana y por la tarde a pesar del frío y la amenaza de tormenta bajé con Loreto porque he comprobado que el movimiento beneficia mucho a mi cuerpo. A mitad del camino comenzó a llover y tuve que acelerar mis pasos todo lo que pude, y aunque llegué algo mojada estoy contenta de haber salido porque al regresar a casa me sentí muy a gusto, satisfecha de haber vencido la pereza un día más porque os aseguro que a mi el frío me acobarda. En muchos momentos de la enfermedad me he sentido perdida, pero en ningún momento me he sentido abandonada porque le he pedido con todas mis fuerzas a Jesús que viniera a rescatarme cada vez que me desviaba del camino que más me convenía, que fueron muchas veces y nunca, nunca me ha fallado.


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