QUE NADA NOS SIRVA DE EXCUSA…

Esta mañana me he despertado con la intención de hacer todo aquello que depende de mí. No podía hacer la comida porque su elaboración demandaba ambas manos, pero recogí la cocina y puse la mesa. Bajé a la tienda a comprar una tableta de chocolate negro porque aunque no era imprescindible me gusta tomar una onza después de comer y tengo la suficiente independencia para ir yo sola. Por la tarde vencí la pereza para salir a hacer la caminata hasta el parque porque aunque hacía frío sabía que era lo que más convenia a mi cuerpo. Si, soy dependiente para hacer algunas tareas pero para otras no lo soy y por eso no quiero que nada me sirva de excusa para dejar de hacer lo que puedo controlar. A través de mi ordenador puedo transmitir esperanza a aquellos enfermos como yo y a quien se cuele en él por casualidad, porque mi daño cerebral no consiguió que me olvidará de mi misión en este mundo: continuar la tarea que comenzó Jesús, mi Maestro, y seguir anunciando que si contamos con Él todo requiere menos esfuerzo y se hace con más alegría.


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