EL CENTRO Y EL SENTIDO DE MI VIDA

Hoy hemos salido a comer fuera con unos amigos y me preparé antes haciendo los estiramientos como hago cada día porque eso me permite sentirme más a gusto con mi cuerpo. Como mi parroquia está en obras no fui a celebrar la eucaristía pero intenté hacer algo que agradase a mi Dios. Una de las personas con las que fui a comer acaba de sufrir una perdida de un hermano querido y le llevé un libro titulado: «Dios te ama inmensamente» con el objetivo de que le ayudase a vivir su pérdida con la serenidad del que se siente querido y consolado. Me sentí muy cómoda fuera de mi zona de confort y a pesar de no dormir la siesta después de comer no me siento demasiado cansada. Poco a poco he ido recuperando parte de mi vida anterior al derrame cerebral porque esta enfermedad no ha conseguido alejarme del centro y el sentido de mi vida, de Jesús, sencillamente porque confié en la promesa que me hizo de que todo mi esfuerzo sería recompensado.


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