MANTENER EL EQUILIBRIO ENTRE CAMBIO Y BIENESTAR

Este domingo no me he levantado con tiempo para ir a celebrar la eucaristía, pero me propuse pasar el día consciente en todo momento de que tenía que hacer algo que alegrase a mi Dios. Bajé con mi personal trainer a hacer unos recados y antes me preparé como cada día haciendo unos estiramientos, un ejercicio cotidiano que repito cada día porque me da resultado. Al regresar a casa, mientras no estaba preparada la comida, estuve navegando por internet para buscar algo que me motivara a continuar el día como me proponía. Siempre estoy buscando algo que me ayude a seguir avanzando, pero no quiero obsesionarme, lo que pasa es que esta enfermedad requiere de mi parte un continuo aprendizaje para llevarla de la mejor manera. Encontré un texto que trataba de mantener el equilibrio entre los cambios y el bienestar, aumentando el perímetro de nuestra zona de confort en vez de derribarla por completo. Cada persona tiene que ir a su propio ritmo y el mío, aunque es más lento de lo que me gustaría, es el que tengo que aceptar. Por la tarde me fui a hacer la caminata al parque y me acompañó un rato mi personal trainer porque tenía que sacar a pasear a nuestro perro. Durante el trayecto no me apetecía hablar y aproveché para recordar lo que hoy me dijo Jesús en nuestro momento de intimidad: que no me cansara de pedirle lo que quería, que hasta podía gritarle si lo necesitaba; y le grité, le rogué que me hiciera ver con claridad todo lo bueno que hay en mi vida y que me enseñara a disfrutarlo y al instante miré al cielo y no pude hacer otra cosa que dar las gracias.

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