LO QUE TENEMOS QUE HACER Y DEJAMOS DE HACERLO

Esta mañana me he despertado más tarde de lo habitual y me sentó muy bien, mi cuerpo agradeció el descanso y me levanté renovada para comenzar el nuevo día con optimismo, prometiendome no dejar de hacer lo que tengo que hacer. Podemos engañarnos de muchas maneras para evitar muchos de los deberes que nos corresponden, claro que sí, pero también podemos tomarnos un descanso y volver a empezar cuando tengamos más voluntad. Por la mañana a pesar de lo bien que dormí no tuve ganas de salir a caminar y me dediqué a navegar por internet y escuché algo con lo que estoy de acuerdo: que el mundo va mucho mejor de lo que las encuestas dicen, lo que ocurre es que las cosas buenas suelen darse de forma gradual, exactamente igual que ocurre con mi enfermedad, lo que me animó a salir por la tarde a hacer la caminata hasta el parque con mayor perfección, intentando seguir las pautas de mi fisioterapeuta y ofreciendeselo a mi Dios.

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