ESQUIVAR EL SUFRIMIENTO

Hoy, después de dos domingos sin ir me ha dado tiempo a celebrar la eucaristía como me lo he propuesto: sin prisas. Por la tarde hice mi caminata con Alberto hasta el parque «Reina Sofía» y después de tomarme un té con hielo y limón estuve leyendo un rato. Mi vida es sencilla, puede resultar aburrida para algunos, y en algunos momentos lo es, pero es la que me funciona y la que me está ayudando a sacar lo mejor de mi. No tengo dudas de que lo que más me ha enseñado en esta etapa dolorosa de mi vida es mi trato diario con Jesús, mi fe, lo que me ha ayudado a madurar en la enfermedad, aprendiendo de mi Maestro y de lo que hizo con su vida. De Él aprendí que lo que cura a una persona no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido.

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