SENTIR PARA CREER

Esta mañana me he despertado con tiempo suficiente para ir a celebrar la eucaristía sin prisas y aunque mi pierna izquierda estaba más espàstica de lo habitual (quizás por el exceso de ejercicio de ayer) me puse en marcha evitando centrarme demasiado en la incomodidad que sentía con la esperanza de que recibir al Señor me haría sentir mejor. Pero no fue así. A pesar de que en todo momento estuve centrada en la celebración, mis sentidos no eran capaces de percibir la presencia del Señor. En cualquier otro momento esto habría supuesto para mí una decepción, pero hoy fui capaz de entender que la fe no es sentir sino saber y yo ya sé lo que espera Jesús de mi, comprendiendo que no siempre necesitamos sentir para creer.


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