DONDE ENCUENTRO MI DESCANSO

Me encantan las primeras horas de la mañana, esa parte del día en la que más se puede disfrutar del silencio. Siempre ha sido así. Cuando trabajaba en «madrugadores», donde tenía que preparar el desayuno y cuidar de los niños que llegaban antes del horario escolar, recuerdo lo bien que me sentía durante el camino que tenía que recorrer desde mi casa hasta el colegio. Hoy me vuelve a pasar algo parecido cuando me despierto y recorro el pasillo hasta la cocina disfrutando de la seguridad adquirida. Muchos enfermos como yo no lo creerán, yo tampoco lo creía, pero igual que yo he alcanzado esta etapa, ellos también llegarán. Hay que trabajar duro para llegar hasta donde la enfermedad y nuestra voluntad nos lo permitan, pero podemos permitirnos también momentos de descanso. Yo esa ocasión la encuentro cuando me siento a pasar un rato de intimidad con Jesús, donde tengo la oportunidad de desconectar de todo y de todos y logro descansar

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